Historia de Superación.

«Practicando bajo el sol, pensaba cuántas veces estuve con mi papá carpiendo»

Nancy Núñez Martínez, suboficial del Grupo Lince, recibió el galardón como Mujer Destacada por relucir entre las tres primeras instructoras de esa fuerza de la Policía Nacional. A sus 24 años va también para enfermera y árbitro en la APF.

Nací en el barrio Kaundy-gue, distrito de San Juan Nepomuceno, Caazapá. En mi familia, somos seis hermanos: cinco chicas y un varón. Mi hermano, que es el mayor, es militar y está en Asunción. Mis otras hermanas se quedaron en San Juan.

Desde chica nos levantábamos temprano con mis padres para ir a trabajar. Desde que tengo uso de memoria, mis hermanos mayores se iban con mi papá a la chacra. Nosotros les llevábamos el desayuno y cuando tuve la fuerza para ayudarles, empecé a trabajar.

Cuando estaba en el colegio, mi hermano fue mi inspiración para entrar a la Policía; como él era uniformado, me apoyaba siempre. Después les dijo a mis padres que yo quería estudiar la carrera. En todo momento mi familia me apoyó, nunca me negaron nada. De hecho, estuvieron en el evento de la premiación (el pasado miércoles), desde Caazapá vinieron para acompañarme.

Nunca imaginé que iba a recibir un reconocimiento así; sentí tanta emoción estar junto a mujeres tan importantes y representar a la Policía Nacional, a tan corta edad.

FORMACIÓN RIGUROSA

Cuando tenía 17 años ingresé al Colegio de Policía. En el 2017 terminé como mejor egresada. Y mi primer destino fue la Comisaría 3ª de Luque, donde estuve hasta enero del 2018. Después fui al Colegio de Policía, pero para realizar el curso de instructora. En el 2020 convocaban para ser Lince. Me inscribí, rendí el examen psicotécnico y físico.

Nos inscribimos 42 mujeres, de las cuales llegamos a egresar 14. No es fácil, porque el curso era mixto y compartíamos con los varones. Ahí no hubo distinción de sexo, todo era por igual en el curso, que es muy riguroso.

Estuvimos tres meses de curso en un internado, sin salir, porque era época de pandemia. Nos levantábamos a las cuatro de la mañana y lo primero que hacíamos era actividad física, trotábamos durante una hora prácticamente; después hacíamos limpieza de toda nuestra unidad. Luego del desayuno, empezábamos con la práctica con la motocicleta, conocimiento en clase. Todo el día estaba lleno de actividades hasta las diez de la noche.

Los instructores nos decían que ahí egresaban los que eran más fuertes, los débiles siempre salían. Pero ser fuerte físicamente no es tanto, sino ser fuerte mentalmente te hace sobrevivir al curso.

Después cuando egresamos, de 102 que pasamos los exámenes quedamos 56 personas; de estas, 14 éramos femeninos. Muchísimos renunciaron, casi la mitad. A muchos no les gustaba la rutina diaria de levantarse temprano, de correr; de estar todos los días en el sol practicando en la moto o haciendo actividades físicas.

CRIANZA SACRIFICADA

Cuando estábamos practicando bajo el sol, pensaba cuántas veces estuve con mi papá carpiendo, juntando maíz, trayendo maní. Y cuando llovía, con mi mamá, íbamos a traer vacas para ordeñar. Entonces, pensaba, si desde pequeña pasé tantas cosas así con mis padres, seguro que aguantando los rigores del curso, ellos estarían orgullosos de mí el día de mí egreso. Todo eso llevaba en mi mente.

Mis hermanas me ven como un ejemplo a seguir y hasta mis propios camaradas.

PELIGRO Y RECOMPENSA

El servir a la comunidad es algo tan grande y es emocionante recibir el saludo de la gente cuando salgo a patrullar por las calles. Una vez se asaltó un Biggie y nos pidieron apoyo. Nos fuimos en busca de los motochorros; ellos tenían arma de fuego y empezaron a dispararnos. Y les llegamos a alcanzar, casi todos los linces.

Un mes después de que egresé del Lince, me accidenté. Estaba lloviendo y nos caímos de la moto con mi compañero. Me quedé en cama 15 días con collarín. Gracias a Dios y a mi casco que estaba todo asegurado no me pasó algo peor. Mi equipo de protección me salvó porque hasta mi uniforme se fundió, se agujereó todito.

Igual me gusta lo que hago. Me encanta salir por las calles y la interacción que llevo día a día con la ciudadanía. Muchas personas se nos acercan, nos piden ayuda cuando se les roba su celular y cuando recuperás el objeto robado es lo más emocionante.

Ahora mismo estoy cursando, a la par, el tercer año de la carrera de Enfermería en San Lorenzo. También estudio arbitraje, los sábados, en el Círculo Paraguayo de Árbitros en la APF. Mi objetivo es seguir capacitándome y el día de mañana cuando me vaya a retiro, poder ejercer algunas de esas profesiones. Lo que puedo decirles a las chicas es que se pongan metas, que lo único imposible en esta vida, es aquello que no se intenta; que todo depende de uno y de la fuerza de voluntad.

Lo que puedo decirles a las chicas es que se pongan metas, que lo único imposible en esta vida, es aquello que no se intenta; que todo depende de uno y de la fuerza de voluntad.

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